Gens Europæa

Wednesday, November 24, 2004

Portugal, realidad del Patriotismo Hispánico

Tenemos muchos la mala costumbre de cuando hablamos o pensamos de España excluimos automáticamente a Portugal, Iparralde, el norte catalán, o incluso a los criollos de las Américas, y nos autoimponemos el marco que en su día impusieron con malas artes los Borbones (venidos como consecuencia de la política expansionista de la Ilustración francesa) y las Cortes de Cádiz (forjadas en logias masónicas).

En primer lugar deberíamos por entonar un mea culpa y preguntarnos a nosotros mismos qué entendemos por España, o Las Españas, como mejor guste. Yo desde luego lo tengo muy claro, para mí Las Españas (que, personalmente, me gusta más así) es mi Patria, un ideal de Patria forjado en un principio por el edicto de Leovigildo, por la conversión de Recaredo, a través de la dura epopeya que significó la Reconquista, y a posteriori cuando se custodiaron los ideales del Sacro Imperio Romano-Germánico tanto en la Vieja Europa como en el Nuevo Mundo. Es por ello que Ramiro de Maeztu decía que el camino de España no tiene pérdida posible, está claro que su Tradición está bien definida en el paso de los siglos. Si vemos que la lengua portuguesa nació en Galicia, y que Portugal como entidad política nace como una marca del Reino Astur-Leonés como el "Portus Cale" (Puerto Calero o Caladero), o que la capital de la Lusitania fue Emerita Augusta (Mérida) entenderemos de una vez por todas que Portugal no es una nación extranjera, que no es algo extraño, sino que se separó por motivos políticos, por la incapacidad del Conde-Duque de Olivares, que con su maléfica política centralista abocó a una Patria a su división, y la incapacidad de Pau Claris hizo que Richelieu les arrebatara a los catalanes el norte de su región, estando a punto de separarse... Con todo, es de recibo reclamar la tierra, el pueblo, la tradición, frente a los intereses político-administrativos de turno.

Hasta ahora, poco sabía que hubiera pensadores portugueses que reclamaran la unidad de la patria hispánica; cuán grata fue mi sorpresa cuando descubrí que, haberlos haylos. Con sus virtudes y sus defectos, pero haylos.

Podemos leer a Antonio Sardinha y su La Alianza Peninsular; un libro cuanto menos interesante, pero con una serie de defectos quizás propios de sus dudas : Sardinha se ensaña con el "iberismo"; y bueno, la crítica a esta corriente la puedo entender, pero como calificativo es esencialmente correcto, pues "Iberia" (en un principio fue "Keltiké") es un antiquísimo término heleno que designa a nuestra Península, es el equivalente al latino "Hispania", así que mi triste figura entiende que es correcto pronunciarse como "iberista", "celtiberista", "hispanista", "españolista" o como mejor guste, ya que son términos que bien nos definen. Habla de unidad hispánica pero también habla de dos nacionalidades…. Entonces no deja claro cuál es su concepto de España. España es una sola patria, que consta de varias naciones o regiones; hay que tener cuidado con el término "Nación", ya que en su origen (del latín "nascere", esto es, "nacer") sería lo más parecido al actual "región" que no a la identificación de Nación=Estado=Patria que hace el liberalismo (error en el que cayeron algunos fascismos) Todas las tierras hispanas están relacionadas entre sí; la Historia nos dice que bajo el Reino Astur-Leonés (de ahí nacieron Castilla y Portugal, y se forjaron la Bética y Granada), el Reino de Navarra y la Marca Hispánica (Aragón nació cabalgando entre estas dos últimas, la Marca Hispánica gestó a la Catalanidad; Murcia fue reconquista de catalanes y aragoneses para luego pasar a ser político-administrativamente castellana) No obstante, Sardinha cita como "compatriotas" al resto de los españoles; y como Maeztu, cita y alaba la labor del eminente Marcelino Menéndez Pelayo; reivindicando como él el origen galaico-lusitano del Amadís de Gaula, y exaltando en esa peculiar lírica las profundas raíces del ser portugués; asimismo coincide en el pueblo portugués y en el pueblo bético la idiosincrasia de los santuarios y las romerías (y no se puede negar su antiquísimo origen, del paganismo al cristianismo). Resalta la figura del jesuita Antonio Vieira, un hombre de mentalidad anticentralista pero hispanista, cuyo deseo era que en Lisboa radicase la capital de Las Españas. (curiosamente, siglos después propondría lo mismo José Antonio Primo de Rivera) Sardinha habla de unidad en diplomacia y ejército, pero nosotros hablamos claramente de unidad de Patria, defendiendo la tradicional Hispania Goda y su ideal de Lex Romana Visigothorum, sin tapujo alguno que valga. Sardinha cuando habla de España parece limitarse sólo a Castilla, craso error, pues España es mucho más que Castilla (sin desmerecer a Castilla y a los castellanos) Como bien dijo Almeida Garret, no se puede hablar de "España" o "español" excluyendo a Portugal y a los portugueses; al menos esa es nuestra idea como patriotas hispanistas del siglo XXI. Nosotros abogamos por la natural Reunificación Hispánica, de Lisboa al Alguer, de Lasparren a Tarifa, de Gibraltar a Montpellier, por Ceuta, Melilla, las Canarias y demás islas de nuestro irrenunciable e innegociable territorio. Sardinha, al igual que su amigo Maeztu, propone la idea del Espíritu por encima de todo, fue un monárquico y católico tradicional convencido. Aún así, Sardinha comete el error de hablar "sinónimamente" de patriotismo y nacionalismo, cuando son cosas bien distintas : El patriotismo es el sentimiento natural de los pueblos, el amor por la tierra de los padres, por la tierra en la que uno nace, otra cosa sería meternos en cada ideal de patria.

El nacionalismo es una corriente nacida al abrigo de la Revolución Francesa, basada en mentiras, odios, egoísmos e insolidaridades varias. Hay que tener cuidado con la terminología. El sentido de Universalidad que se da en los antiguos patriotas hispanistas radica en una continuación del ideal del Sacro Imperio Romano-Germánico, y en la idea católica tradicional de que todos los hombres pueden salvarse, por tanto deben ayudarse a mejorar; no es igualitarismo, ni globalización, es un profundo ideal espiritual, de civilización. Con todo, me ha resultado harto gratificante el conocimiento del sentimiento hispanista de notables lusos.

Se da en Portugal un mito de enorme raigambre céltica con el Rey Sebastián: El Encubierto. Es curioso como en la España de la Guerra Civil, ese mito se repite con la figura de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, asesinado por las hordas dictatoriales marxistas al igual que Ramiro de Maeztu, Ramiro Ledesma y tantos valientes patriotas. José Antonio fue en seguida adjetivado como "El Ausente". Es curioso como todo ello coincide con la tradición céltica-cristiana del Rey Arturo.

Cervantes se encariña con Portugal en la Galatea y en Los trabajos de Persiles y Sigismunda; ese cariño es visible en Tirso de Molina, en Vázquez de Mella, en Lope de Vega… Está en nuestra Tradición. Y por supuesto, como amantes de la Tradición, debemos defender que tanto Ceuta como Olivença forman parte de Portugal.

Bien es cierto que el nacionalismo portugués está aíno de hispanofobia, pero es que el nacionalismo, como buen hijo del liberalismo, conserva ese tipo de lacras; basándose así en mentiras de corte "romántico-sentimentaloide", y ahí tenemos al PNV, al Ideal Andaluz del masón Infante, y a todos esos que pululan hoy por nuestra patria. Es interesante y se agradece la postura de Sardinha cuando dice que este nacionalismo se basa en un victimista temor a la absorción por parte de Castilla…. Cuando en su tiempo Portugal intervino en la batalla de Toro a favor de Juana la Beltraneja…. Castilla sí se inmiscuyó en los asuntos de Portugal, pero no está Portugal exento de ello…. No se puede juzgar a Castilla y a los castellanos en base a la política del Conde-Duque de Olivares; como tampoco se puede juzgar a los vascos si nos basamos en Arana.


Antonio Sardinha. La Alianza Peninsular:

Dedicatoria del libro:

A la memoria de aquellos soldados españoles que, regando con su sangre anónima las peñas de Marruecos, supieron dar vida, en un siglo sin esperanza, a toda la grandeza histórica de Portugal".

Extractos de La Alianza Peninsular:

“Hoy, como ayer, en la incapacidad de valorizarse internacionalmente, reside para España, sin duda, el atractivo de su acuerdo con Portugal".
“Sobre todo por las razones sumariamente expuestas por Charles Maurras, al señalar la influencia que las reinas significan siempre a favor de su país de origen, es por lo que hubo una unidad hispánica, y por lo que la unidad hispánica se hizo posible
Y me es dulce a mí, en mi prolongado destierro, recordar el surco luminoso que en Castilla dejara tantas y tantas de mi raza. Refiérese Charles Maurras al “grado de civilización que las relaciones de parentesco introducían antaño en la agitada vida de los pueblos".
“El embate de los intereses nacionales es siempre corregido por la ley eterna de la Sangre y de la Historia, que nos hace encontrar a cada paso portugueses sirviendo bajo las banderas de Castilla y españoles haciéndolo bajo las de Portugal, y la regla que domina en las relaciones entre los dos pueblos es la de una cooperación que tiene tanto de amistosa como de espontánea".
“Iniciada por la política matrimonial de los Reyes Católicos, esa cooperación amistosa entre España y Portugal se traduce bien pronto, y provechosamente, en la represión de la piratería berberisca, con nuestra marcha, a la conquista de Túnez. Cuéntase que Carlos V, viendo el valor de la escuadra mandada por el infante Don Luis, no pudo menos que exclamar que si fuese señor de Lisboa en poco tiempo lo sería del mundo entero. El reconocer la importancia de Portugal como factor imprescindible para que la Península (Ibérica) colocada entre dos mares, se defienda e imponga por los medios que sólo el poder naval le ofrece, está del todo definido en la frase del Emperador".
“La Casa de Avís transmitió a los Austrias Españoles su herencia, tanto física como moral. Sello admirable de nuestra raza, en todo se manifiesta demostrándonos cómo coincide con esa época de periodo de expansión plena del genio portugués".
“Realmente, la Historia de Portugal, en el siglo XVI, vibra llena de resonancias castellanas, a su vez la Historia de Castilla es un eco constante que repite con orgullo el nombre de Portugal".
“En Tirso de Molina casi representa nuestra patria el único tema inspirador de sus obras. Ahora mismo, el lusofilismo de Tirso es transparente de intención y cariño para con nosotros".
“Relacionando los hechos con las causas que los determinan y concatenan, habremos de reconocer que la hegemonía de Castilla en la Península (Ibérica) terminó con la batalla de Toro. Si el partido de Doña Juana hubiese allí vencido, Castilla estaría hoy unida a Portugal, emprendiendo entonces con nosotros la conquista del Imperio de las Aguas. Venció el partido de Isabel, y a fin de cuentas, quien venció fue Aragón, que arrastró a Castilla consigo para los subsiguientes conflictos de Italia y de la Europa Central “.
“La política marroquí de Don Sebastián era no sólo la verdadera tradición política portuguesa, sino que representaba la reacción contra el abandono de las plazas de África, iniciado en el reinado anterior. Camoens, uno de los más libres y esclarecidos espíritu del Renacimiento, una de las más poderosas inteligencias de su tiempo y el más genuino representante de la tradición nacional, defendió, preconizó y hasta impulsó esa política en estrofas inmortales".
“(La Península Ibérica) empezó a sumirse en un largo eclipse, que todavía no terminó, y que sólo encontrará fin cuando la alianza peninsular vuelva a restaurar el perdido sentido de la vieja unidad hispánica".
“Constituiría un desfile curiosísimo la simple enumeración de las leyendas y personajes portugueses que ilustran el teatro español desde Lope de Vega. Calderón y Tirso de Molina a Vélez de Guevara, Agustín Moreto y Joao de Matos Fragoso, éste (último) portugués de nacimiento, a pesar de ser toda su obra en castellano. El trazo principal que en estos autores destaca el carácter portugués es el del enternecimiento, el del amor".
“Nos encontramos, de este modo, encarados con el problema del Lirismo, cómo siendo la línea madre de nuestro ethos, la más invencible de todas las razones de nuestra profunda vida nacional. El examen de la cuestión nos llevaría muy lejos. No dejaré, sin embargo, de recordar que si el genio castellano influyó en la literatura europea, a través de sus formidables creaciones teatrales y novelescas, no dejamos nosotros de influir menos, dando a luz una forma típica de sensibilidad que viene desde el Amadís de Gaula—cuyo origen galaico-lusitano reconoció el insigne Menéndez y Pelayo—y es continuada después por Menina e moça, de Bernardim Ribeiro".
“Mientras a Francia se engendró como expresión social de una categoría bastarda, la innoble mentira de la “bondad natural" (El buen salvaje), en Portugal, dentro del ruralismo fundacional de la grey moradora de las orillas del Atlántico, se logró la suprema creación del Encubierto, salvador de su pueblo oprimido".
“¡Cómo se mutila la historia de Portugal, si nos obstinamos en considerarla como aparte de la historia restante de la Península (Ibérica)".
“Portugal, unido a Castilla en Monarquía dualista, no tardaría en desembarazarse del centralismo opresivo del Conde-Duque (De Olivares), recobrando su antigua forma de Estado autónomo. Es un paréntesis doloroso, que, si trajo ruinas y desmembración a Portugal, no trajo a Castilla resultados menos desastrosos. Como experiencia fue bastante para que quedase bien demostrado que la unidad hispánica no reside, ni residirá nunca, en violentos términos de incorporación y conquista".

“La unidad entre España y Portugal es más moral que física, más espiritual que histórica"
“La hermandad de España y Portugal, precisamente por ser una hermandad de las más estrechas y legítimas, no podía reducirse nunca a un estado único".
“Menéndez y Pelayo notaba con rara agudeza crítica que: “El ideal que reflejan es el que corresponde a un pueblo de pequeños agricultores, dispersos en caseríos, y que tienen por principal centro de reunión santuarios y romerías" Aquí nos encontramos nuevamente con el lirismo, diferencial eterna del lusitano dentro de la universalidad peninsular
“Sólo en el noroeste peninsular se debe buscar el frondoso árbol lírico, que después vino a florecer por toda Europa".
“Aferrada a la tierra, defendiéndose por su raigambre de tropel de invasiones que iban y venían, la raza del Occidente peninsular, cuando la Reconquista llegó, se hallaba ya secularmente presa al suelo natal, por merced de una especial tendencia agraria que se expresó pronto en instituciones inolvidables, dando lugar a formas sociales, anteriores en todo a las que el Renacimiento Neogótico acabó por imponerse más o menos al resto de la Península (Ibérica)".
“Obcecado por el espejismo erudito del “ligurismo", Martins Sarmento iba a pedir fuera la explicación de hechos pasados en la Península (Ibérica) Se daba por el testimonio de Estrabón que lusitanos, galaicos, astures y cántabros se emparentaban estrechamente en las costumbres y en las instituciones. ¿Qué más se necesita para qué quede probado suficientemente nuestro punto de vista?"
(Se refiere a Portugal) “Correspondía en toda su amplitud un fondo étnico caracterizado por diferencias que, si lo aproximaban a las demás poblaciones hispánicas, le imprimirían todavía un particularismo universal suyo, que no dejaba por otro lado confundirlo enteramente con ellas".
“No se extrañará, pues, que el Sebastianismo marque, en relación al alma lusitana, lo que el quijotismo en igual y dramático sentido, marca, en relación, al alma castellana".
“Tomados por consiguiente, el sebastianismo y el quijotismo como éticas diversas, necesariamente tenemos que tomar como diversos los dos gremios, hijos de raza y de medio, que así encontraron expresión inmortal".
“Castilla se fundó y dilató por la guerra, por el acto sistemático de la (Re) conquista".
“El conde de Gobineau, preocupado con sus etnicismos místicos, consideraba al Amadís de Gaula como la flor más elevada idealidad humana".

“Fijándonos en la manera como en el Quijote se trata al Amadís, podemos admitir que el hidalgo manchego es una proyección aislada del caballero portugués".
“Ocupada por Francia la más hermosa parte de Marruecos, si el imperialismo francés viene a radicar y desenvolverse en la cabecera de África, una grave amenaza se constituiría allí para el futuro de toda la Península Ibérica, que, colocada entre la Francia de Europa y África, quedaría convertida en una simple tierra de paso. Con inspirada razón declaraba Vázquez de Mella en una reciente conferencia, en Burgos, que la guerra de Marruecos era para los españoles una especie de guerra civil".
“La inmensa alma patética de España se materializa para mí en ese cuadro del Greco, El entierro del Conde Orgaz".
“Con su profunda clarividencia histórica, Oliveira Martins ya acentuaba bien la unidad de esa civilización, a la que llamó ibérica, sacrificando a los mitos intelectuales de su tiempo. Llamémosle nosotros hispánica, recogiendo de Camoens el sentido superior que la palabra “hispanismo" debe conferir" .
“El Cristianismo es, en el alma de las gentes hispánicas, algo propio, algo como una estratificación racial".
“La Latinidad, en sus componentes, es únicamente la suma del infujo religioso y moral del Cristianismo; ligada a las virtudes nativas de los pueblos hispánicos".
“Todos los elementos del puritanismo que facilitan la victoria del capitalismo pertenecen a la religión judaica, principalmente a su práctica e interpretación talmúdica".
“Se deduce, pues, de cuanto viene afirmado, que el uso literario del castellano no significaba debilitamiento del espíritu nacional. La conciencia de la unidad hispánica existía con raíces en el alma colectiva y el bilingüismo habitual de la gente culta no veía, entre nosotros, en el castellano, sino una lengua hermana, en la que la nuestra se ampliaba y difundía".
“Hoy, como ayer, el sentido de universalidad de nuestro genio toma cuerpo real en la asamblea augusta de los pueblos y de la raza “.

Oliveira Martins:

“As Lusiadas son el testamento político de España".

Almeida Garret:

“Ni una sola vez se hallará en nuestros escritos la palabra “español" designando exclusivamente al habitante de la Península (Ibérica) no portugués. Mientras Castilla estuvo separada de Aragón, y ya mucho después unida a León, etc, y nosotros y las demás naciones de Las Españas, aragoneses, granadinos, castellanos, portugueses, y todos éramos por propios y extraños llamados españoles; así como aún hoy llamamos alemán indistintivamente al prusiano, sajón, hannoveriano o austriaco, y como el napolitano, el milanés, el veneciano y el piamontés, indistintamente reciben el nombre de italianos. La fatal pérdida de nuestra independencia política después de la batalla de Alcazarquivir dio el título de Reyes de Las Españas a los de Castilla y Aragón, quienes lo conservaron aun después de la gloriosa Restauración de 1640. Pero españoles somos y de españoles nos debemos de preciar cuantos habitamos en esta Península".

Camoens:

“Eis aquí se descobre a nobre Espanha como cabeça ali de Europa toda".

“Com naçoens differentes se engrandeçe,
cercadas com as ondas do Oceano,
todas de tal nobleza, e tal valor,
que qualquer dellas cuida, que ha melhor…

O Tarragonez, que se fez claro…,
Sujeitando Parthenope inquieta,
O Navarro; as Asturias, que reparo,
Já forâo contra a gente mahometa,

O Gallego cauto, e o grande, e raro,
Castellano, a quem fez o seu planeta,
Restituidor de Espanha, e senhor della,
Bethis, Leao, Granada com Castella".

Tirso de Molina:

“Es Lisboa una octava maravilla".

Juan Vázquez de Mella:

“Siento un intenso afecto al pueblo hermano y no le consideré ni por un momento algo extraño a mi Patria".

Monís Barreto:

“Pero Portugal está interesada, no sólo en vivir en paz con España, sino en trbaar con ella relaciones de amistad y alianza".
“la unión de pensamiento y de acción e independencia de gobierno, es a nuestro modo de ver, la fórmula actual, sensata y práctica del iberismo".
"España sigue la tradición de su gloriosa Historia".

Martins Sarmento:

“Para completar su obra, no sería extraño que los druidas sembrasen la promesa de un libertador. No hay noticias de este mesianismo en la Galicia; pero vamos a encontrarlo en la Cantabria, donde menos se esperaba. Cuando Galba subió al trono, se vio en él al libertador del mundo, profetizado dos siglos antes de Galba; Hispania era todavía independiente. El Noroeste de Hispania fue tal vez el refugio de muchos ligures de la Galia e Inglaterra. Viene de algunos de estos países el misterioso mesianismo de los cántabros".

Carlos Malheric Dias- Exortaçao a mocidade:

“Nuestra familiar convivencia con España sólo puede parecer peligrosa a aquellos en cuya alma tibia se debilitó el altivo e intransigente sentimiento de la Patria".

Rafael Altamira:

España ha recogido a la caída del Imperio Romano, la cultura clásica, y ha contribuido eficazmente a mantener su tradición en Europa durante algunos siglos: San Isidoro, la Lex Romana Visigothorum.
Ha recogido y difundido en la Edad Media la cultura antigua que los musulmanes se asimilaron, y la que éstos y los judíos produjeron en diferentes órdenes de la ciencia y de la literatura: Toledo, Alfonso X.
Ha contribuido notablemente a salvar Europa del peligro musulmán: la Reconquista, luchas en Hungría, el Mediterráneo y África.

Ha colonizado y civilizado casi toda la América y parte de la Oceanía, y le corresponde una parte considerable en los descubrimientos geográficos que han completado el conocimiento de la Tierra, con sus consecuencias extraordinarias en orden a las ciencias naturales, físicas, y al aprovechamiento de nuevos productos.
Ha impulsado el desarrollo de la cartografía y de las ciencias aplicadas a la navegación, difundiendo sus obras de esta especie en otros países que lo aprovecharon.
Ha puesto sus bases, con los trabajos de sus crónicas y viajeros en América y Oceanía, de la filología y la sociología de los pueblos del Nuevo Mundo, y ha iniciado con Hervás, los estudios de lingüística comparada.
Ha dado al mundo el ejemplo de un sentimiento inquebrantable de independencia, concurso a la obra de las nacionalidades modernas.
Ha reconocido, como nadie, el derecho humano que corresponde a los llamados “pueblos inferiores" de quienes son las Leyes de Indias el más alto ejemplo de legislación amparadora y tutelar".
Ha creado una literatura realista y un teatro modelo de su especie, así como un alto ideal literario (Don Quijote), hecho “humano" por el reconocimiento de todos los pueblos y de todas las épocas, así como un realismo “pictórico", y en general, plástico, que será siempre educador de artistas: Velázquez, nuestra escultura indígena.
Las cualidades generosas, caballerescas, románticas, en el buen sentido de la palabra, liberales y hospitalarias de su espíritu, sobrias y honradas de sus costumbres, significan una corrección viva, siempre saludable, del espíritu egoísta, mezquino, utilitario, al que con demasiada frecuencia arrastran las necesidades materiales de la vida y la codicia de los hombres .

J.Francisco V.Silva-Reparto de la América Española y Panhispanismo:

“El espíritu se ensancha cuando mira que desde los Pirineos a Magallanes, y desde Magallanes al Río Grande, se acota en el mundo, y con el gran Océano como Mare Nostrum, todo el contenido territorial de la civilización hispánica".
“Se muestra bien patente el proceso de adulteración sistemática, tanto histórica como política, que se empeña en robar a la Península (Ibérica), a la madre Hispania, el florón más rutilante de su corona gloria".

Ricardo Jorge:

"chamese Hispania a peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito"

Maria Carolina Michaelis de Vasconcelos:

“Hispanis omnes sumus".

Ernesto Giménez Caballero:

“Ni separatistas ni separadores".

“¡Sed Católicos e Imperiales!".


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Monday, November 01, 2004

A cultura castreja (c. III a.C. - I d.C.): a longa tradição de resistência ibérica

Podemos afirmar que existe um hiato na arqueologia medieval lusitana para as questões sobre as quais nos propomos debruçar neste ensaio, face aos raros trabalhos publicados. Basicamente, os trabalhos sobre Arqueologia medieval portuguesa se encontram publicados em Arqueologia e História (órgão da Associação dos Arqueólogos Portugueses, 10 volumes, Lisboa, 1922-1932), mas contém essencialmente estudos sobre epigrafia, numismática e história da arte (MARQUES, 1988: 43). Uma importante exceção é o estudo das escavações sobre a batalha de Aljubarrota realizado por PAÇO (Dicionário de História de Portugal, vol. I: 109-111).

Mas não exageremos; nossa distância aumenta nosso desconhecimento. Face a esta dificuldade, percorremos um pequeno trajeto em busca de pontos em comum com o universo maior de nossas pesquisas: a guerra e seus componentes (para o caso luso, razias e fossados), nativos ibéricos e "estrangeiros", mecanismos de defesa relativos ao estabelecimento geográfico, utilização do habitat natural, etc.

É aqui que se insere a cultura castreja. De modo genérico, podemos situar os castros portugueses numa longa tradição cultural de resistência "local" (ibérica) ao que é invasor, mas isso já faz parte de nossas conclusões.

O conhecimento de resistências em forma de mecanismos de defesa militar anteriores ao processo de Reconquista, ajuda a entender a mentalidade bélica em que se insere o "estado de guerra permanente" (conceito utilizado por MATTOSO, s/d: 478, para o período imediatamente anterior à Reconquista clássica, que compreende os séculos VIII-XI) dos séculos subseqüentes. A compreensão e a utilização dos métodos arqueológicos é de importância fundamental, principalmente para a Alta Idade Média, e o caso ibérico ainda tem um vasto campo a ser explorado.

Antes de abordarmos o assunto propriamente dito, é necessário que deixemos claro a nossa posição frente à relação entre História e Arqueologia. Os acalorados debates que surgiram entre historiadores e arqueólogos quanto a uma primazia disciplinar estão hoje totalmente ultrapassados (MOBERG, 1986: 187). O decreto de Lênin criando a Academia de História da Cultura Material da URSS em 1919, assumindo as atribuições da Comissão Arqueológica do regime czarista, veiculou a nova disciplina com o materialismo histórico (PESEZ, 1993: 177). Hoje, a Arqueologia ainda é a melhor via de acesso à história da cultura material, porém isso não restringe seu campo a abordagens meramente materialistas:

"...inseridos na paisagem ou preservados nas coleções, os traços do passado, monumentos ou objetos, são pretexto para um trabalho constante do imaginário (...) Objetos e monumentos, através de sua conservação tão aleatória quanto ocasional, questionam e interrogam..." (SCHNAPP, 1993: 72).

Portanto, a Arqueologia é História, ou melhor, existe um entrelaçamento tão grande que as diferenças podem, grosso modo, ser encontradas nas técnicas utilizadas pelos profissionais de ambas as áreas. Definindo melhor: a Arqueologia responde a perguntas que os documentos escritos não podem nos dar; mas o que são os documentos senão material arqueológico? São eles cultura material (PESEZ, 1993: 181) da mesma forma que tijolos, moedas ou monumentos.

Mais: o documento escrito é também um monumento, na medida em que foi forjado por mãos humanas. Em ambos os casos a interferência cultural se dá através de mecanismos inerentes ao gênero humano; homo sum et, humani nihil a me alienum puto ("Sou homem: nada do que é humano eu considero estranho a mim". Frase de Terêncio (Terentius) (195-159 a.C.), comediógrafo romano (africano) - BOWDER, s/d: 251-252).

Concluindo, podemos afirmar a indissolubilidade disciplinar entre História e Arqueologia, notadamente para a História Antiga e Medieval. A similaridade das definições de ambas as disciplinas permite essa asserção:

"Arqueologia pode ser definida como o estudo das coisas antigas quando estas pertencem à cultura e à sociedade humanas. Como disciplina, diz respeito tanto a particularidades do passado, em tempos e lugares específicos, como a generalizações sobre acontecimentos passados" (WILLEY, 1987: 83).

Além disso, elas possuem uma convergência em seu objeto de estudo: o homem, motivo maior da busca histórica.

Nessa perspectiva, as possibilidades do imaginário na Arqueologia a aproximam da História; nossas constantes recriações do passado multiplicam-se numa proporção geométrica, com a abertura de mais uma frente disciplinar interagindo mutuamente no nosso campo, o das Ciências Sociais. Uma "ciência" aberta às possibilidades da imprevisibilidade da ação humana. Os vestígios materiais nada mais são do que isso: a concretude da abstração humana.

Arqueologicamente, um castro (crasto, castelo dos mouros, couto dos mouros, citânia, cêrca, cividades, castelejo, castelares, castelos) (SERRÃO, 1961-1971, vol. II: 532) é um vestígio de uma povoação fortificada, muralhada com uma ou mais fileiras de pedras, um ou mais fossos, e quase sempre no topo de um cabeço (SANTOS JÚNIOR, 1957: 28), monte com cume arredondado e algumas vezes com encosta íngreme, geograficamente adequado para o domínio da paisagem local e uma observação à distância.

Os castros eram núcleos populacionais concentrados, forçados a um isolamento defensivo (SERRÃO, 1961-1971, vol. II: 532). Este é o habitat castrejo típico. Seus principais povoados estavam instalados em colinas de substrato granítico, e as populações castrejas utilizaram amplamente este material, principalmente para a construção das muralhas, feitas de blocos de granito toscamente recortados. É o que Fabião designa por "civilização do granito", embora o autor afirme que esta caracterização seja mais nítida em sua fase final (FABIÃO, s/d: 192).

Nesta cultura castreja, as casas possuíam planta circular, com cerca de 5 metros de diâmetro. Suas paredes eram formadas por pequenas pedras unidas com cascalho, sem qualquer argamassa. Possuía piso de saibro batido; em seu interior, num canto, uma lareira, revestida de argila; ao centro, um buraco para um poste que suportava a estrutura de cobertura, de colmo, material perecível e de formato cônico (FABIÃO, s/d: 193; SARAIVA, 1991: 20-23). Na parte da frente um átrio, algumas vezes com um forno ou forja.

A cultura castreja localizava-se essencialmente nos distritos de Minho e Trás-os-Montes, ao norte do rio Douro. Para o período que compreende o auge da cultura castreja, esta região era constituída por duas zonas culturais distintas: litoral (que chamaremos zona 1) e interior (zona 2) (FABIÃO, s/d: 190). O conhecimento destas zonas é desigual; ao litoral, com mais de 100 anos de escavações contínuas, opõe-se o interior, quase que totalmente desconhecido. Optamos pela zona 1.

Na região do Minho o clima é úmido, com chuvas freqüentes (até 3.000 mm anuais). Sua geografia é entalhada por uma série de vales paralelos, com falésias delimitando as praias estreitas. O solo, naturalmente pobre, tem sua fertilidade assegurada pela adubação de algas marinhas (Geografia Ilustrada - Europa, 1972: 16-17).

Trás-os-Montes ocupa uma área montanhosa, região de forte erosão secular, com uma topografia movimentada e de vales profundos como os de Tua, Tâmega e Sabor. Seus rios correm por escarpas com altitudes superiores a 1.200 metros. Tal relevo, que assistiu ao surgimento da cultura castreja em território lusitano, explica em parte seu isolamento em pequenos núcleos populacionais.

Para a zona 1, os castros mais famosos são os de Cividade do Terroso, em Póvoa do Varzim e Viana do Castelo, este último com a escavação de uma pequena necrópole no interior de um núcleo familiar. Existe um desconhecimento sobre as necrópoles do período. O Dr. Carlos Fabião supõe que os ritos funerários castrejos envolvessem a cremação, devido aos numerosos elementos que remetem ao mundo indo-europeu. As escavações arqueológicas mostram

"...fossas abertas no solo das habitações, forradas com pedras, no interior das quais se guardavam urnas contendo as cinzas do(s) defunto(s). Embora não seja possível atribuir uma datação precisa a estas fossas funerárias, é admissível que correspondam ao período de que tratamos" (FABIÃO, s/d: 196).

Com os atuais dados arqueológicos até o momento, face a inexistência de necrópoles espacialmente delimitadas, podemos especular que a maior parte do ritual funerário castrejo se dava no interior do espaço doméstico, provavelmente com o intuito de sacralizar a presença do antepassado, fortalecendo o núcleo familiar celular, base da sociedade castreja. "...o núcleo familiar parece emergir vigorosamente como célula-base da sociedade" (FABIÃO, s/d: 197). A permanência das cinzas enterradas em vasos na casa pode nos sugerir a sacralização do espaço cotidiano, dessa forma "protegido" magicamente contra as habituais invasões a que os castrejos estavam submetidos.

Existem divergências quanto à datação precisa do período que abrange a cultura castreja no noroeste da Península. Seu apogeu situa-se na II Idade do Ferro (post-halstático) entre os séculos III a.C. e I d.C. (SANTOS JÚNIOR, 1957: 29). A criação dos castros propriamente ditos deve corresponder aos movimentos migratórios da área indo-européia da meseta e das regiões meridionais, principalmente com as expedições de túrdulos e turdetanos, descendentes dos antigos tartéssicos, entre os séculos V e IV a. C.:

"Parece-nos que não é de excluir a hipótese de essa antiga divisão corresponder à remota divisão social registrada pelo mito fundador de Habis. Assim, os primeiros (túrdulos) poderiam pertencer à antiga plebe e os segundos (turdetanos) à velha aristocracia, ou vice-versa" (FABIÃO, s/d: 168).

Estas expedições teriam ocasionado uma instabilidade social em todo o território do Entre Douro e Minho, possibilitando o surgimento destas fortificações.

A cultura castreja sofreu influências externas distintas, a saber:

1) zonas meridionais ibero-púnicas (iniciada no Bronze Final);

2) migração dos túrdulos (refletidas nas técnicas, nos motivos cerâmicos e na ourivesaria);

3) influências continentais (com o crescente deslocamento das comunidades indo-européias) (FABIÃO, s/d: 192).

É difícil estabelecer com precisão a intensidade com que cada cultura externa influiu sobre a cultura castreja. De qualquer modo, foi essa cultura miscigenada que existia quando os romanos chegaram. A partir da conquista romana (que teve início em 205 a. C.) se deu progressivamente a romanização da cultura castreja, com a redistribuição e planificação urbanística dos castros sob a égide do invasor.

A ocupação cartaginesa no sul da Península (a partir de 237 a. C., com a invasão de Amílcar Barca - Hamilcar Barcha, m. 229-228 a.C.) e a II Guerra Púnica (218-201 a. C.), principalmente com as batalhas de Sagunto (219, início da guerra, com a vitória de Aníbal [Anibal ou Hannibal, 247-183 a.C.] no cerco à cidade), Becula (208) e Ilipa (207) (vitórias de Cipião Africano [Scipio Africanus, cônsul, 205 e 194 a.C.], com a conquista da Espanha para Roma) não influíram diretamente na cultura castreja de Entre Douro e Minho, mais ao norte da Península. Até 197 a.C., a dominação romana na Península se estendia numa faixa a oeste que ia de Emporion (no nordeste) a Gades (no sul). A conquista só terminou em 19 a.C., quando Agripa (Agrippa, m. 12 a.C.) dominou os últimos focos independentes asturianos. Será a partir de então que se dará a referida romanização da cultura castreja.

Um ótimo exemplo da influência romana é a escavação de Citânia de Safins, em Paços de Ferreira. Ela mostra um extenso povoado castrejo, com duas redes de muralhas à direita e uma divisão interna muralhada. A parte inferior da citânia mostra os típicos núcleos habitacionais circulares castrejos, reordenados em "bairros", em substituição ao "caos" anterior pré-romano. Na parte inferior, observamos quase 40 núcleos familiares circulares, e aproximadamente 15 núcleos quadrados. Estes últimos possivelmente foram construídos após a reordenação espacial romana, já que não fazem parte do habitat castrejo anterior (numa posição divergente, José Hermano Saraiva relaciona as casas de formato retangular à invasão céltica, e sua subseqüente miscigenação. SARAIVA, 1991: 21).

É importante ressaltar que, pelos dados fornecidos pelas escavações, cada casa castreja deveria reunir várias células familiares, ou uma família ampla, de 20 a 50 pessoas, constituindo uma "unidade suprafamiliar mais vasta" (FABIÃO, s/d: 197). Para o tema proposto, dispomos de mais informações de "índole arqueológica" (FABIÃO, s/d: 191) do que documental. No entanto, o geógrafo grego Estrabão (c. 64 a. C.- 25 d. C.), nos oferece um rico panorama dos povos peninsulares quando da conquista romana ("Strabo, nascido em Amasia, no Ponto [...] estudou em Roma por volta de 44-35 a. C. [...] Escreveu Memorandos sobre a História (Estudos Históricos), em 47 livros [...] deixou também 17 livros preservados sobre geografia" - BOWDER, s/d: 145).

Estrabão é um autor que deve ser utilizado com uma certa dose de prudência, principalmente quanto às suas apreciações de teor etnográfico. Sua obra reflete a visão do conquistador, com todo o seu desprezo pelas culturas bárbaras; a conquista romana é um imenso "esforço civilizador" (FABIÃO, s/d: 194) sobre as comunidades peninsulares.

Sua posição pró-romana já pode ser vista quando tenta explicar as origens da I Guerra Púnica (264 - 241 a. C.); Estrabão afirma que era prática usual dos cartagineses afogar qualquer marinheiro intruso, encontrado entre a Sardenha e Gibraltar. Pirataria que, mais tarde, "explicaria" moralmente a luta contra os púnicos (STRABO, Geography, XVII, 1, 19). Essa guerra ideológica seria imortalizada mais tarde com a frase de Catão, o Velho (Cato, 234 - 149 a. C.): Ceterum censeo delendam esse Carthaginem (E também penso que Cartago deve ser destruída).

Para ressaltar a importância da "chegada da civilização", Estrabão realça o barbarismo destes iberos pré-romanos, afirmando que muitos viviam em cavernas e choupanas, dormindo no chão e lavando os dentes com urina choca (STRABO, III, 4, 16). Podemos observar a distribuição dos povos que habitavam a Hispania pré-romana, de acordo com descrição de historiadores e geógrafos gregos e romanos (Atlas Histórico - edição especial para Encyclopedia Britannica do Brasil Publicações Ltda, MCMLXXXVI: 23). Mas não nos iludamos: esta é uma classificação étnica simples e que apresenta vários problemas. Estrabão e Plínio, o Velho (23/24-79 d. C.), por exemplo, muitas vezes tecem considerações genéricas sobre povos distintos ("...Plínio conseguiu achar tempo, nos intervalos de sua ativa carreira política, para escrever em escala prodigiosa: obras sobre tática de cavalaria [...] sobre a história das guerras contra a Germânia (20 livros), gramática, retórica, história contemporânea (31 volumes), todos perdidos. O que não aconteceu com a História Natural [37 volumes]" - BOWDER, s/d: 210).

A região que nos propomos discutir, a norte do rio Douro, zona 1, era o território de um grupo de etnias designadas genericamente pelo nome de calaicos (FABIÃO, s/d: 191) palavra relacionada com kelticoi, nome que os Romanos davam aos Celtas e que veio a dar o termo galegos SARAIVA, 1991: 22).

Nesta área litorânea castreja, já encontramos divergências entre Plínio, o Velho e Estrabão: o primeiro dá os nomes dos povos que ali viviam (bibalos, celernos, calaicos, equesos, límicos, querquenos, além de outros); o segundo afirma que os habitantes do norte do rio Douro eram lusitanos, e que somente após a conquista romana passaram a se chamar calaicos (FABIÃO, s/d: 191). Para um melhor entendimento, sempre que nos referirmos aos calaicos como o povo pertencente à cultura castreja, estaremos também nos referindo a outras etnias da mesma região e que desenvolveram uma cultura semelhante e o mesmo modo de habitação.

Os núcleos suprafamiliares castrejos possuíam provavelmente chefes, vitalícios ou nomeados provisoriamente. Na Citânia de Briteiros, em Guimarães, as escavações arqueológicas encontraram uma grande construção circular (11 m de diâmetro), com bancos corridos em volta, implantada num local mais afastado das habitações familiares (FABIÃO, s/d: 191). Já foram levantadas as seguintes hipóteses para a utilidade de tal monumento:

1) Um conselho de anciãos (sem se saber, no entanto, se existiam antes da conquista romana ou se foi uma implantação criada pelo poder estrangeiro);

2) Alguma instituição colegial ligada à administração de cada povoado e

3) Simplesmente reuniões de familiares, embora de maiores dimensões.

O Dr. Fabião afirma existir as mesmas dúvidas quanto ao título de princeps, que surgiu na época romana e parece designar uma função de chefia (FABIÃO, s/d: 191). Com a conquista romana, os povoados castrejos receberam a designação de castellum (com a abreviatura epigráfica da letra C invertida). A partir de então o habitante do castro desceu do cabeço e, num processo abrupto, se converteu num agricultor dominado, além de trabalhar para o Império Romano nas construções públicas (pavimentações, fortificações, vias, pontes, etc. - uma das mais perfeitas pontes romanas construídas no atual território português é a de Alcântara [a Norba Cesarina do período romano], com arcos de 100 pés de altura e 180 de largura). Como descreve Serrão:

"... após o assassínio do caudilho Viriato e a repressão brutal e sangrenta exercida pelas tropas de Júlio Bruto, irrompendo até a Galiza, o habitante dos castros, simultâneamente pastor e guerreiro, bisonho e bravio, foi, por fim, obrigado pela força das armas a descer à planície aberta e a submeter-se à disciplina e à lei do invasor, tendo de depor o escudo e a espada curta..." (SERRÃO, 1961-1971, vol. II: 535)

Viriato foi um chefe militar lusitano que infligiu sucessivas derrotas aos comandantes romanos, de 147 a 139 a.C. Os romanos firmaram um tratado com ele em 140 a.C. mas o repudiaram posteriomente, e Viriato foi assassinado em 138. Com sua morte, a resistência lusitana entrou em colapso." (BOWDER, s/d: 274).

Mesmo Estrabão, com todo seu discurso pró-romano, descreve a dura resistência que as populações castrejas ofereceram ao disciplinado exército romano. O geógrafo grego diz que as mulheres matavam os filhos para que não caíssem nas mãos romanas, e os prisioneiros morriam pregados na cruz cantando seus cantos de guerra (STRABO, IV, 16-18).

Mas deixemos a conquista romana de lado e voltemos a nos ocupar com a organização social castreja. Apesar das discussões referentes à existência de um conselho de anciãos ou alguma instituição colegial, não há dúvidas quanto à autonomia de cada povoado em relação aos outros. Os calaicos não possuíam nenhum tipo de instituição superior para sancionar atos ou leis de cada povoado. Um verdadeira fragmentação de poder, bem caracterizada nos votos religiosos encontrados, quando os calaicos identificavam sua origem "pelo nome do povoado que tinham nascido" ("ao contrário do que sucedia em outras regiões da área indo-européia peninsular" - FABIÃO, s/d: 1981).

Estrabão nos fala de festas familiares que os calaicos faziam em certas noites de lua cheia (STRABO, III, 4-6), provavelmente associadas a ritos religiosos. Conhecemos uma divindade, de nome Larouco, particularmente venerada na região de Vilar de Perdizes, em Vila Real. É também conhecida a rápida propagação do culto a Júpiter, e a associação sincrética do deus Marte a algumas divindades locais. A inexistência de santuários sugere um culto ao ar livre (FABIÃO, s/d: 198). Mas todas as construções específicas para um culto religioso foram construídas após a ocupação romana, o que não significa necessariamente que não possuíssem algum tipo de sacerdote, ou grupo sacerdotal.

Baseamo-nos ainda em Estrabão (a partir de agora citado por FABIÃO, s/d: 194-196). Este nos conta que as populações castrejas comiam pão de bolota durante a maior parte do ano. Suas atividades dominantes eram o pastoreio e a recoleção. As mulheres trabalhavam nos campos, os homens apascentavam o gado. Os calaicos ainda se envolviam em incursões de pilhagem nos territórios vizinhos. Tinham pouco vinho, o utilizando em festividades para fins de sociabilidade,

"...produziam, no entanto, uma bebida fermentada, à base de frutos. Desconheciam o azeite e usavam a manteiga como gordura alimentar e, provavelmente, para outros fins. Não é de excluir, também, a utilização do linho como oleaginosa alimentar" (citado por FABIÃO, s/d: 194-196).

Em contrapartida, a realidade descoberta pela arqueologia é bastante diferente. Aqui nos deparamos com uma situação em que há divergência entre o documento escrito e o material arqueológico. Com qual das duas opções o historiador deve optar?

Pensando de maneira coerente, o documento material não mente, é a prova cabal; o historiador da Antigüidade era movido pelos mesmos motivos ideológicos (visão de mundo, ambição, interesses políticos, etc.) de um historiador do século VI ou XIX. Afinal, somos todos humanos. O desejo de supervalorizar o "ímpeto civilizador" de Roma levou Estrabão a "ver" com olhos excessivamente pejorativos a cultura calaica castreja. "...recorde-se que o texto foi escrito enquanto decorriam as últimas campanhas de conquista dos povos Cântabros e Ástures - por isso (Estrabão) sublinha constantemente os caracteres que nelas considera mais ‘bárbaros" (FABIÃO, s/d: 194-196). O norte peninsular é também, segundo José Mattoso, o local de origem do regime senhorial português medieval (MATTOSO, 1985: 81-91).

Mas o que nos diz a Arqueologia? Investigações paleobotânicas feitas na Galiza (FABIÃO, s/d: 194) levam a crer que a agricultura de cereais e hortícolas continuava a ter um peso significativo na vida calaica. O que freiou o desenvolvimento da agricultura foi provavelmente a constante instabilidade social castreja, com os hábitos de saques e pilhagens. Mesmo assim, este período em questão viu surgir as primeiras mós manuais giratórias (FABIÃO, s/d: 195).

Segundo Estrabão, os calaicos utilizavam também o comércio marítimo: ele fala de "barcos revestidos de couro e com estrutura de madeira utilizados pelos povos setentrionais" (FABIÃO, s/d: 195). A arqueologia escavou jóias de ouro fabricadas localmente. Os recursos minerais (ouro e estanho) estimularam o interesse romano pela região (Roma já conhecia a riqueza mineral peninsular desde a dominação cartaginense no sudeste, principalmente entre a I e a II Guerras Púnicas. Com a vitória, os minérios hispânicos [ouro, prata, cobre, estanho, ferro, chumbo] passaram a enriquecer Roma, depois de haver enriquecido Tiro e Cartago).

A cerâmica pode se prestar a equívocos; foram encontrados vasos gregos (ânforas e outras de influência púnica) em vários castros (um deles Cividade do Terroso, em Póvoa do Varzim. Existe um desconhecimento quanto ao conteúdo destes vasos importados; talvez vinho ou azeite.

Quanto à cerâmica local, registra-se recipientes sinuosos, feitos geralmente com pastas grosseiras e com motivos geométricos feitos com incisão ou com matrizes de desenhos variados. Encontraram-se também os primeiro vasos com o auxílio do "torno lento" (fabricação manual) relacionada com o moinho manual giratório, uma aquisição tecnológica do período (FABIÃO, s/d: 196).

Estrabão se refere à utilização da madeira como uma forma de artesanato (STRABO, III, 3, 7). Aqui a arqueologia confirma a fonte documental: no castro de Santo Estêvão da Rocha, em Ponte de Lima, recolheram-se alguns fragmentos destes recipientes de madeira, apenas por circunstâncias excepcionais, pois a madeira é de difícil conservação num sítio, ao contrário da cerâmica ou qualquer tipo de metal.

Na metalurgia, os calaicos demonstraram grande especialização, principalmente com o bronze e o ouro. Utilizavam uma espada curta, com cabo de bronze (encontrada na Citânia de São Julião, em Vila Verde) e facas de lâmina curta, encontradas na Citânia de São Julião, no Castro de Santa Marta das Cortiças (Falperra, em Braga) e no Castro da Baiza (Avintes, em Gaia). Aqui também se confirma Estrabão, que afirma que os lusitanos ainda combatiam com lanças de bronze. Provavelmente só após a conquista romana a civilização do ferro introduziu-se na região. Divergindo do Dr. Carlos Fabião (cuja posição adotamos aqui), José Hermano Saraiva afirma que o ferro foi introduzido na região com a invasão celta, no I milênio a. C. (SARAIVA, 1991: 21).

Carvalhelhos é uma aldeia pertencente à freguesia de Beça, concelho de Boticas. Situa-se a 800 m de altitude, a 27 km de Chaves, para Sudoeste (todas as referências da escavação do castro de Carvalhelhos contidas aqui são de SANTOS JÚNIOR, 1957). Portanto, no distrito de Trás-os-Montes, região tipicamente castreja, como vimos anteriormente.

O castro foi "descoberto" pelo Sr. J. R. dos Santos Júnior em 1950, quando estava descendo a pé o caminho que vem de Lavradas para Carvalhelhos. Visível a olho nu, a muralha castreja estava quase toda derrubada (suas pedras foram utilizadas pela população local para a construção de casas), com seus fossos defensivos ainda evidentes. O Sr. Júnior constatou a existência de um ouriçado de pedras espetadas na terra, constituindo-se em mais uma linha de defesa (ao que parece, o reforço de pedras fincadas não é uma característica comum a todos os castros portugueses. Sua utilização parece demonstrar, além de uma maior preocupação defensiva, um desenvolvimento da arquitetura militar castreja). Isso dava ao castro de Carvalhelhos um interesse maior do ponto de vista arqueológico.

Nos anos seguintes (até 1957, data da publicação do trabalho aqui pesquisado) foram realizadas ao todo cinco escavações arqueológicas (1951, 1952, 1953, 1956 e 1957). Para não nos determos exaustivamente em cada uma delas, faremos um breve comentário acerca dos achados materiais no castro de Carvalhelhos. São os seguintes:

1) Fragmentos de cerâmica, basicamente 03 tipos: a} pouco espesso e de tonalidade escura (o mais abundante); b} pouco espesso e de tom claro, e c} textura granosa, face interna clara e externa escura;

2) Minério de ferro (03 pedaços) e um cristal de perite de ferro do tamanho da cabeça de um dedo;

3) Duas moedas: um vintém de D. Luís (encontrada na muralha) e outro vintém de D. Carlos (na casa retangular, que falaremos adiante).

O castro de Carvalhelhos é conhecido na região como crasto, ou couto dos mouros. Antes de seu tombamento - em Portugal, a classificação jurídica para patrimônios históricos chama-se "imóvel de interesse público". O castro de Carvalhelhos está enquadrado no decreto no. 38.941, de 06 de novembro de 1951 - o castro sofreu uma série de assaltos realizados pelas populações locais com o intuito de utilizar as pedras para construção de casas. Mesmo após o tombamento, o castro sofreu um assalto: "...um habitante de Carvalhelhos de nome Alexandre Alves se metera a fazer uma casa e que quatro carreiros ao serviço do mesmo, cada um com seu carro de bois, tinha ido ao castro buscar pedras e as tinham arrancado da muralha reconstruída e das casas redondas por nós descobertas..." (SANTOS JÚNIOR, 1957: 38). O indivíduo foi processado pela Fazenda Pública, mas não foi condenado a repor as pedras.

Com subsídios arrecadados por órgãos governamentais, as escavações puderam descobrir uma parte da muralha (50 m) na zona sul, além de três casas circulares e uma retangular.

Numa parte da muralha externa foi encontrada uma "porta", com 88 cm de largura, e uma segunda "porta" interna (chamada de porta principal), de 1,40 m de largura. Foram encontradas ainda vestígios de três muralhas - um habitante da região afirmou que existiam 7 muralhas no castro, antes das depravações. Todas essas "entrevistas" do Sr. J. R. dos Santos Júnior com velhos habitantes do local não serão aqui comentadas. Fazem parte de outro tipo de trabalho, mais ligado ao imaginário e à criação de mitos e lendas relativas ao castro em questão. Outra "porta" foi escavada (chamada pelos populares de cavalo dos mouros), do outro lado do riacho que lhe corre no sopé.

Um aspecto interessante deste castro foi a descoberta de pelo menos dez rampas de acesso à muralha. É um dado que afirma o desenvolvimento arquitetônico do castro. Como no trabalho do Sr. J. R. dos Santos Júnior não foram feitas datações, podemos supor que a construção castreja seja num período mais recente, ou até mesmo que tenha sido novamente utilizado pelas populações do alto medievo. Isso quase que antecipa as conhecidas pontes elevatórias dos castelos medievais. Demograficamente, também pode sugerir um crescimento populacional. São conjecturas possíveis, até termos uma datação mais precisa (como o trabalho aqui pesquisado é de 1957, existe a possibilidade do castro já ter sido datado pelos arqueólogos portugueses, e não ser do nosso conhecimento)

O castro de Carvalhelhos possui uma tríplice linha de fossos, com aberturas que variam de 4 até 12 metros (mas aqui podemos ter a ação da erosão). Com as pedras fincadas comentadas anteriormente (num total de cinco grupos - o maior grupo tem 18 a 20 m de comprimento por 3 a 4 m de largura, o menor, 3 m de comprimento por 2 de largura.), o castro de Carvalhelhos era muito bem defendido, tendo caído possivelmente por prolongado cerco (que trazia consequentemente a fome dos sitiados).

O castro situa-se numa zona granítica com xisto, rocha de textura laminar ou acicular, metamórfica, como a ardósia. A região do castro é rica de minério de estanho e de volvrâmio. Foi encontrado ainda um "esconderijo" (devidamente assaltado), próximo do cavalo dos mouros, que continha 200 kilos de cassiterite (a cassiterite é um valioso minério de estanho que, na Antigüidade, teve uma grande importância para a fabricação de objetos de bronze). Seria demais supor que as populações castrejas, obrigadas a trabalhar sob o jugo de Roma, tenham deliberadamente ocultado o minério para um posterior aproveitamento? É também provável que tenha despertado o interesse romano num cabeço próximo há vestígios de explorações mineiras. Isso também viabiliza a hipótese de queda do castro por cerco - a região de Trás-os-Montes foi uma das últimas a cair quando da conquista romana.

*

A continuidade da utilização do espaço social da Antigüidade à Idade Média é colocada por diversos autores, como Mumford,

"A pura e simples necessidade levou ao redescobrimento daquela antiga salvaguarda urbana, a muralha. Contra os ataques súbitos, uma muralha de guarda durante tôdas as horas, era mais útil que qualquer quantidade de coragem militar. A fôrça e a segurança de uma fortaleza empinada numa rocha íngreme podiam ser reproduzidas mesmo nas terras baixas" (MUMFORD, 1965: 327)

A necessidade de proteção contra ataques perpetrados por povos estrangeiros, ou mesmo vizinhos, trouxe de volta a cerca, a muralha, para o primeiro plano das preocupações das comunidades medievais. Posteriormente, em Portugal criou-se o "direito senhorial de fossadeira", que exigia dos homens livres (peões), a obrigação de escavar o fosso protetor dos acampamentos e de os defender, em substituição ao serviço militar efetivo (MATTOSO, s/d: 485). Isso para o período que compreende os séculos VIII-XI.

Essa preocupação possivelmente pode ter trazido os antigos castros de volta, quer pelas suas possibilidades de concentração numa área mais alta e, portanto, privilegiada para resistir a um cerco ou razia muçulmana, quer pela simples utilização e reaproveitamento de habitações abandonadas.

Temos vários indícios que apontam para uma reutilização social dos castros. Essa retomada do espaço castrejo já se dá no início da ocupação romana, quando novas áreas, mais baixas em relação ao antigo núcleo defensivo castrejo, começam a ser ocupadas, sob o domínio de Roma.

Em 332, a Espanha sofre uma redivisão política, passando a ter cinco províncias: Bética (capital Hispalis — Sevilha), Tarraconense (capital Tarragona), Lusitânia (capital Emerita Augusta, Mérida), Galiza (capital Astorga ou Bracara, Braga) e a Cartaginense (capital Cartagena). Havia ainda dois anexos: as Baleares (capital Palma) a Mauritânia Tingitana (capital Tingis, Tânger) (LOT, 1985: 251).

O período de paz "quase ininterrupta" foi quebrado em 409 com a chegada de alanos, suevos, vândalos asdingos e vândalos silingos. "Durante dois anos a Espanha foi posta a saque, principalmente a oeste, onde já não restavam quaisquer tropas romanas" (LOT, 1985: 251).

A luta pelo controle político levou ao extermínio dos vândalos silingos, além de uma série de revoltas sociais camponesas conhecidas como "bagaudas". Esse período de instabilidade social pode ter trazido momentaneamente, para as populações a norte do Douro, os antigos castros de volta, como locais seguros, de refúgios, um abrigo para os constantes ataques entre bárbaros (o tratado assinado com o Império em 411, que acantonou os invasores como federados, não amenizou a luta). Contudo, com a progressiva decadência do Império, a partir dos séculos III-IV, os castros sofrem um abandono generalizado,

"...ao estabelecimento nos pontos mais elevados do terreno, como lugares de habitação mais defensáveis, mas ásperos e ingratos à vida doméstica, se havia já preferido, com a consolidação da paz romana, a fixação nos vales e nas planuras agricultáveis. A uma norma de vida isolada e agressiva, de guerrilhas e assaltos, com uma economia baseada principalmente no pastoreio, sucedia-se, (...) a adaptação à vida pacífica do camponês, fecundando o húmus viçoso dos latifúndios, ainda virgens do sulco do arado" (SERRÃO, 1961-1971, vol. II: 533).

Embora o quadro oferecido por Serrão para os séculos seguintes à decadência do castro seja um tanto pueril, é de se notar a mudança espacial das populações castrejas, agora instaladas em espaços mais férteis para o plantio.

Como se dá então esse reaproveitamento medieval do castro? O mesmo Serrão nos oferece pistas: "Muitos desses núcleos castrejos (...) perduraram no decorrer de sua evolução (...) alguns deles mantiveram-se mesmo durante o domínio visigodo e a Alta Idade Média, dando origem a muitas das povoações actuais" (SERRÃO, 1961-1971, vol. II: 533).

Para o domínio suevo e visigótico, o melhor exemplo da necessidade de manutenção das muralhas se encontra na inscrição lapidar de Mérida. Ela comemora a reconstrução de sua ponte e cerca defensiva pelo dux Salla, que cumpria ordens do rei Eurico (rei visigodo, 466 - 484), no ano de 484 (MATTOSO, s/d: 324). Os constantes ataques de vândalos e suevos às cidades do sul da Península justificavam a preocupação visigoda. Além disso, o atrofiamento urbano generalizado na Europa a partir dos séculos III - IV também atingiu a Península. Muitas cidades ofreram esse abalo demográfico: Leão, Astorga, Lugo, Cáceres, Conímbriga, Lisboa, Idanha, Mérida, Évora, Mértola, Beja, Ossónoba. Contraditoriamente, a retração demográfica desse período parece corresponder ao abandono do castro. De qualquer modo, o fenômeno de construção (ou reaproveitamento) de muralhas pode ser um indício seguro de atrofiamento urbano, além da óbvia necessidade de defesa.

Tais incursões bárbaras forçaram as cidades a "concentrarem-se num simples recanto da sua antiga extensão": "A cidade do Baixo Império é um posto defensivo de uma superfície insignificante (10 a 20 hectares), que não comporta senão uma população extremamente reduzida, 3.000 ou 6.000 habitantes" (LOT, 1985: 323). Podemos aqui supor um movimento contínuo: a cada ataque, ou invasão, os antigos castros são utilizados, e, após o fim da incursão, as populações descerem o cabeço e voltarem às suas atividades normais.

Como vimos, a nova redivisão geopolítica na Península, com os grupos bárbaros disputando o espaço "abandonado" por Roma, pode suscitar a probabilidade do castro ser utilizado como ponto seguro para concentração de forças, incursões de surpresa ao campo inimigo, etc. Isso levando-se em conta o acidentado terreno ao norte do Douro, propício para o isolamento de diferentes culturas sob um mesmo sistema defensivo.

Essa região possui uma longa tradição de isolamento cultural e defesa contra "estrangeiros". É dela que a resistência se faz mais tenaz: da conquista romana à conquista muçulmana, ela é o último baluarte a cair. Ela é o foco inicial do processo de Reconquista; é dela que vemos surgir o movimento senhorial (para não falarmos de feudalismo peninsular, motivo de tanta controvérsia entre os historiadores) que se alastra para o sul, no rastro de Ourique, Alcácer do Sal e Las Navas de Tolosa. Nas palavras de Mattoso, é uma região de "reservatório de homens", "...área de povoamento mais precoce, região onde frequentemente reina a fome montanhesa, grande alimentadora das descidas, das constantes emigrações" (MATTOSO, 1985, vol. I: 31).

Mas é durante o período muçulmano que possuímos os melhores indícios de ocupação castreja. Aqui utilizamos a onomástica para relacionar a ocupação com longas tradições locais que perpetuam — muitas vezes sem o saber — essa lembrança.

O próprio caso do castro de Carvalhelhos, com seu cavalo dos mouros, não é um bom exemplo disso? A associação entre o antigo nome castro e suas posteriores designações saltam aos olhos: casal dos mouros, cerca dos mouros, feira dos mouros, toural dos mouros, couto dos mouros (SANTOS JÚNIOR, 1957: 28). Todos nomes para castro. Essa permanência da língua nos oferece a possibilidade de fazer tal conjectura. Mas não é só. Para esses séculos que se seguem, a "coincidência" onomástica não é menor. A partir do século IX, com as invasões normandas, todo o Ocidente medieval cobre-se de fortalezas. Os textos medievais dão os mais variados nomes: castellum, castrum, burgus, urbs (PIRENNE, 1962: 60). Pirenne enfatiza a associação burgo-instituição militar desde a sua origem. É para se ressaltar:

"Tais como nos surgem, os burgos são antes de tudo instituições militares. Mas a este caráter primitivo cedo se juntou o de centros de administração. O castelão deixou de ser simplesmente o comandante dos cavaleiros da guarnição castrense. O príncipe delega-lhe a autoridade financeira e judiciária (...) Em caso de guerra, os seus habitantes encontravam ali um refúgio (...) É uma população de fortaleza" (PIRENNE, 1962: 62-63).

As coincidências onomásticas permanecem, mesmo tratando-se de áreas distintas, separadas pelos Pireneus.

Dessa forma, não é de se estranhar que exista a possibilidade do uso do castro até para a construção de uma fortaleza, utilizando-se sua posição privilegiada, além do material granítico, já trabalhado em forma de bloco. Assim, podemos colocar a questão da longa permanência do castro como local de resistência, enraizado em sua geografia. Sem nos levarmos pelas antigas posturas nacionalistas ("Nos castros implantam-se velhas raízes da nacionalidade portuguesa. E assim, estudar os castros e a cultura castreja é fazer nacionalismo e do mais são" - SANTOS JÚNIOR, 1957: 29), o estudo do castro é o estudo de uma longa tradição de isolamento, de resistência cultural ibérica, onde os povos lusos (e aqui englobo o universo tribal peninsular) sempre se oporam ao que veio de fora, ao "outro".

Por fim, como também é um dos objetivos deste ensaio, devemos enfatizar a importância de uma maior interdisciplinaridade entre a Arqueologia e História, assunto já comentado aqui, mas nunca insuficiente. Nossa posição, de uma proximidade quase tênue, deve, sempre que possível, ser trabalhada futuramente em posteriores trabalhos acadêmicos. Como afirma Kern,

"...reafirmamos que a permanência de uma postura que teima em opor História e Arqueologia, tornou-se obsoleta e no mínimo vítima de um maniqueísmo simplista, que em nada colabora para a construção de um conhecimento mais objetivo da vida e da dinâmica social do Mundo Antigo" (KERN e DIAS, 1990: 128).

O que eu acrescento: do Mundo Medieval também.


Bibliografia

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Hominid Evolution Summary

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species Time Period cranial cap (cc) height jaw & teeth face other
Sahelanthropus tchadensis 6-7 mybp 350 ? small canines low forehead, brow ridge may be closest common ancestor to chimps gracile A comparison of ape-like vs. human-like skulls
Orrorin tugenensis 6 mybp ? 4-5 ft no data no data based on thigh, lower jaw, teeth
Ardipithecus ramidus 4.4-5.8 mybp ? 4 ft chimp-like teeth no data seems to be a forest-dweller (this has implications for the savanna-driven theories of bipedalism) gracile
Australopithecus anamensis 3.9-4.2 mybp ? ? ape-like no data gracile
Australopithecus bahrelghazali 4 mybp ? ? intermediate only known from jaw The only australopithicine known from Western Africa.
Australopithecus afarensis 3.0-3.9 mybp 375-550 3'6"- 5' small canines, jaw intermediate low forehead, flat nose, no chin, brow ridge sexually dimorphic gracile, "Lucy" See the Latoli footprints here See brain size here
Kenyanthropus platyops 3.5 mybp 420-500 5' small molars panned but flatter than other australipithicines gracile. The flat face, small molars, and other derived facial features, Kenyanthropus may directly related to Homo (Perhaps an ancestor of H. rudolfensis)
Australopithecus africanus 2-3 mybp 485-625 4' parabolic jaw reduced canines panned, brow ridges present, protruding jaw gracile. There is a suggestion that some material may be as little as 1 my old (!) may have used sticks and stones as digging tools
Australopithecus garhi 2-3 mybp 350-550 ? large teeth panned, long low skull, brow ridges with protruding jaw robust, leg ratio human, arm ratio ape-like. There is some evidence (antelope remains with tool cuts (more here) and tools from a contemporaneous site) that garhi made stone tools. Meat and marrow allows bigger brains.
Australopithecus aethiopicus 2.3-2.6 mybp 410 ? large teeth and jaw massive face, large sagittal crest may be ancestrial to robustus and boisei, some classify as genus Paranthropus
Australopithecus robustus 1.5-2.0 mybp 530 4' small front teeth, large back panned no forehead, small sagittal crest robust, may have used bones as digging tools, some classify as genus Paranthropus See this too
Australopithecus boisei 1.1-2.1 mybp 530 4' larger than robustus with anterior teeth reduction sagittal crest, low forehead, panned face robust, some classify as genus Paranthropus. Sexual dimorphism is reduced. Fed on hard, low-quality foods
Homo rudolfensis 1.6-2.4 mybp 600-800 5'6" human-like small forehead, flat face, shortened skull robust, contemporary with H. habilis
Homo habilis 1.5-2.4 mybp 500-800 5' human-like protruding jaws, large molars, no chin, brow ridge, long low skull Broca's area from brain cast (more here), tool making, may be several species including Homo rudolfensis NOTE: Some researchers question if habilis is a direct human ancestor. Had a precision grip. "Handy man" did not use fire
Homo georgia 1.8 mybp 600-680 4'11" human-like protruding jaws, large molars, no chin, brow ridge, long low skull Intermediate to H. habilis and H. erectus
Homo erectus 1.8 mybp - 300,000 750-1225 5' human-like protruding jaws, large molars, no chin, brow ridge, long low skull probably used fire, efficient stone tools, first to leave Africa and migrated to Asia and Europe. Generally considered to be a direct human ancestor. See fire and tools here
Homo ergaster 1.6 mybp 800 5' human-like protruding jaws, large molars, no chin, brow ridge, long low skull sometimes classified with H. erectus
Homo antecessor 780,000 ybp 1000 5' human-like mid-facial area is modern, forehead, teeth, and brow ridges are primitive most researchers place this under H heidelbergensis
Homo heidelbergensis 500,000 ybp 1200 5' human-like rounded skull, small teeth and jaw, brow ridge, weak chin and forehead aka Homo sapiens (archaic)
Homo neanderthalensis 230,000-30,000 ybp 1450 5'6" human-like low brain case with protrusion at rear, protruding jaw, weak chin and forehead buried their dead, advanced tools, music, not brute-like (even worse) See this too
Homo floresiensis to 18,000 ybp 360 ~ 3'3" human like with robust lower jaw Small slightly elongated skull with small brow ridges. Weak chin. Probably evolved from H. erectus in Indonesia. Limited habitat and isolation led to extraordinarily stature. This is NOT a pigmy.
Homo sapiens 120,000 ybp 1350
human-like small or absent brow ridges, high forehead art, music, beads, tools, cave paintings